Si no es hoy, ¿cuándo?

Por Brigitte Ramos Chávarri

¡Cuántas cosas perdemos por miedo a perder! La vida está llena de momentos en los que resulta necesario tomar decisiones rápidas y eficaces. Muchas veces dejamos de intentar cosas por miedo al fracaso; sin embargo, eso nos deja una sensación de: “Qué hubiera pasado si…”, situándonos en un estado de desconcierto e inquietud. Con frecuencia, solemos creer que las mejores oportunidades y resultados sólo le corresponden a la gente “especial”, a “aquellos que nacieron con estrella”, a “los de buena familia”, etc. En consecuencia, sólo vamos saboteándonos a nosotros mismos, hundiéndonos en un hoyo de desesperanza aprendida donde, difícilmente, podremos ver la luz. Pero lo que muchos no saben es que SÍ es posible salir de esa oscuridad contando con un equipaje básico, lleno de buena actitud y apertura hacia lo nuevo.

El mundo no espera. El mundo no se detiene. Nosotros somos quienes debemos procurar avanzar a su paso, o incluso ir más rápido, y nosotros marcarle el paso. Dicho esto, identificar el momento adecuado para actuar será siempre una de las claves del éxito, en medio de un planeta lleno de incertidumbres. Trasladando esta idea a un aspecto particular, encontramos a las empresas. Recordemos que las empresas son sus personas, por lo cual son éstas y sus decisiones quienes definirán el destino de sus centros de trabajo. De esta forma, la actuación oportuna de estas personas, es decir, decidirse a hacer las cosas antes que los demás, se constituye como la única puerta hacia las grandes oportunidades. Pero, para que esto ocurra, debemos asumir algo: No es necesario esperar a las condiciones perfectas. Lo perfecto no existe. Sólo basta la actitud necesaria para arriesgarse a dar el primer paso, que suele ser el más difícil, pero a su vez, el más satisfactorio de todos.

Dicen que vivir dos vidas nos ofrecería la ocasión de rectificar todo lo malo que hicimos en la primera. Pero, seamos realistas: Eso no ocurre, ni ocurrirá jamás. Es evidente que tendremos errores y aciertos, y también que todo ello valdrá la pena si realmente aprendemos de cada momento y buscamos cada día ser mejor que el anterior, demostrando que somos más grandes que nuestros propios más grandes miedos. No dejemos que la vida pase por nosotros, sino, en cambio, nosotros pasemos por ella dejando huellas memorables y significativas. El momento es hoy.

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