El verdadero Gestor de la Felicidad

Por Fernando Loyola Angeles

Durante los últimos días he venido no solamente leyendo, sino también escuchando y conversando en diferentes entornos sobre el concepto muy reciente de “gefe” o “Gestor de la felicidad”. Y no hablo de un concepto abstracto o una metáfora, ya que incluso hemos hallado dos anuncios de vacante para “Gerente de Felicidad”.

Entendemos que la felicidad siga de moda, por más que los fundamentos de su ciencia se encuentren cuestionados seriamente, y ni qué decir de sus versiones más metafísicas y gaseosas, de esas que adornan no sólo muros con frases resonantes, sino también cursos universitarios de pre y post grado. Queremos una generación más optimista, perfecto, pero podemos serlo desde una sólida base de conocimientos sistemáticamente construida. Ese es el reto fascinante y divertido que algunos hemos aceptado. Y con esos ojos queremos mirar al “Gestor de la felicidad”. Porque es verdad: Necesitamos un Gestor de la felicidad. Es urgente, es relevante, es vital… Y, por supuesto que es rentable. Pero sería importante partir por el principio: ¿Qué entendemos por felicidad? No profundizaré en el concepto, esa tarea se la dejo a ustedes. Lo que sí me gustaría es invitarlos a pensar con detenimiento: ¿La felicidad es algo que construyo en el trabajo o es algo que se nutre del trabajo, a la vez que de otros aspectos de nuestras vidas? ¿Puedo afirmar que tener un buen trabajo aporta a mi felicidad? ¿Qué construye mi felicidad? ¿Qué es causante de mi felicidad? ¿Qué es el origen de mi felicidad? Es un tema de roles e intensidades, ¿cierto?

El lugar de trabajo contribuye a la felicidad de las personas, pero de ahí a pensar que alguien debe gestionar la felicidad desde el centro laboral… El concepto presenta tres problemas:

  1. La felicidad es una fórmula compleja, que no se puede abordar desde un solo frente.
  2. Por lo antes mencionado, la felicidad se ve impactada por diferentes facetas de nuestra realidad, que van mucho más allá del trabajo.
  3. ¿Qué competencias, procesos e indicadores son necesarios para realizar una auténtica gestión de la felicidad?

 

Resumamos todo esto en un ejemplo: Juan ama su trabajo. Lo ama tanto que le dedica alma, vida y corazón. Y por eso mismo Ana, su esposa, lo acaba de dejar. Juan acaba de pasar al extremo de la infelicidad máxima, pues ama a Ana, pero ella ya no a él. Juan se siente miserable hoy, y ya no quiere ir más a trabajar. ¿Dónde radica la felicidad en este ejemplo y qué puede hacer la empresa por él para “gestionarle” la felicidad?

 

Entonces: Dejemos la metáfora y llamemos a las cosas por su nombre: Necesitamos líderes que inspiren, y que a la vez sean jefes que logren objetivos. Ahora, que queramos cambiar el empaque para incrementar las ventas de un producto, podría ser una estrategia válida, pero cuestionable. Y aparentemente eso es lo que busca los promotores de este concepto del “gefe”, muy emparentado con modelos de liderazgo de hace tres o cuatro décadas.

 

¡Pero, cuidado! En realidad, sí necesitamos gestores de la felicidad en nuestras empresas. Más de los se podría pensar. ¿Cómo así? Sencillo: Partiendo de la premisa que indica que personas felices producen mayores y mejores resultados, alguien debe asegurar que esa felicidad esté presente, en las cantidades adecuadas y de manera constante. ¿Quién será ese gestor de la felicidad? Nada más y nada menos que el único que conoce realmente sus orígenes y peculiaridades en medio de la complejidad del ser humano: Cada uno de nosotros. Y es que tú gestionas tu felicidad. No se la puedes encargar a otro, y menos a alguien que recibe un pago por ello. ¿Recuerdas esa frase que dice que la felicidad no se compra? Pues bueno, aquí aplica a la perfección.

 

Algunos argumentos lógicos simples:

  • Sólo tú puedes llegar a saber qué es lo que realmente te hace feliz.
  • Sólo tú puedes reconocer tus estados o niveles de felicidad.
  • Sólo tú tienes el tiempo y los recursos necesarios (aunque no lo creas) para hacer algo al respecto, cuando tu felicidad te abandone.
  • Sólo tú eres el principal enemigo de tu propia felicidad.

Entonces, ¿a quién convocamos para que gestione tu felicidad? Así es. Un gestor por persona. La misma persona. No es un trabajo que se pueda delegar.

 

Entonces, ¿dejamos a la empresa fuera de la fórmula? Para nada. Pero llamemos cada función con su propio nombre. Necesitamos:

  • Jefes (y en general posiciones con personas a su cargo) que asuman la responsabilidad de desarrollar su factor liderazgo en la medida necesaria para generar un impacto positivo en sus colaboradores. Y con ello sumar al factor felicidad.
  • Equipos de trabajo con una cultura de cooperación y soporte mutuo, que permitan a cada persona encontrar el apoyo necesario en momentos críticos.
  • Áreas de Bienestar que dejen de dedicarse únicamente a los trámites del seguro y las celebraciones generales de la compañía, para incrementar sus acciones de impacto directo sobre variables físicas y emocionales de los colaboradores; es decir, hacer honor al nombre que tiene el área.

 

Entonces, dejemos de buscar fuera a ese gestor que está en el espejo, y démosle el trabajo de inmediato.

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